MI PRIMER RALLYE DE COPI

MI PRIMER RALLYE (por Diego Vallejo)

Fue en el verano de 1989. Tenía 16 años. Llevaba toda la vida soñando con ese "momento". Sabía de memoria todos los resultados de todos los rallyes de los últimos diez años. Conocía a todos los pilotos que corrían, fuesen gallegos o de fuera.

 

Había visto más de cincuenta veces cada uno de los pocos vídeos de rallyes que me llegaban a las manos. Había ido de asistencia de mi hermano durante cuatro años y había visto todo tipo de rallyes.Había entrenado con Sergio, con Miguel Fontao, con Germán Castrillón… con cualquiera que me subiese para hacer una pasada de entrenamientos (hace años se llamaba así a los reconocimientos).

Vivía por y para los rallyes. Pero nunca había corrido dentro de un coche de rallyes en un tramo cronometrado, así que, podéis imaginar como me encontraba en el podium de salida de María Pita, en Coruña, para disputar el Rallye Ciudad de Cristal del 89.

Cuando salimos no hacía más que decirme “estás en un rallye ... ¡CORRIENDO UN RALLYE!”. Sin darme cuenta ya estábamos en la salida del primer tramo, “Carral-Xalo”. Pero tuve que esperar más. El tramo estaba anulado por el accidente de Carlos Piñeiro. Lo hicimos neutralizados y repasando las notas para la siguiente pasada. No estaba nervioso, pero la espera empezó a intranquilizarme.

Llegamos al segundo tramo, aquí sí que iba a correr. Entre poner el casco, entregar los papeles, coger la notas y demás, llegó la cuenta atrás. Tenía en las manos el carnet de ruta y las notas. Nunca me había parado a pensar en dónde poner el carnet para poder dedicarme solo a leer las notas, así que, no se me ocurrió mejor cosa que dejarlo posado encima del salpicadero del coche. Claro, en la primera curva, que para mala suerte era a la derecha, le cayó en los pies a Sergio. Intenté cogerlo, pero tampoco me había dado cuenta de que tenía el arnés puesto y no me dejaba mover lo suficiente para llegar a él. Mi hermano me convidó a dejar la “operación rescate de carnet” y cantar bien las notas con un “suave” grito. Entonces me concentré en mi trabajo:

“Derecha tres larga veinte, cincuenta. Ras fondo por derecha seguido de izquierda cuatro, ojo freno, con derecha dos puente, larga treinta, veinticinco…”

¡Cómo se va en un tramo!

La velocidad de vértigo, las curvas, el público animando, el casco, el arnés, el ruido del coche, la forma de pilotar de Sergio… todo. Me di cuenta de que aquello era lo que quería hacer el resto de mi vida.

Cuando tenía un respiro, miraba para Sergio. Los cambios de marcha, los pedales, el volante, sus ojos clavados en el asfalto. Lo gocé al máximo. Pero se tenía que acabar. Sin ver el tiempo de los demás le dije:

- ¡Seguro que ganamos el tramo!

- Tú alucinas, con la inscripción que hay … además, no vine a tope - me contestó.

- ¡No viniste a tope…! - dije yo - ¡como será cuando vengas ...!

Efectivamente, no ganamos el tramo, aunque quedamos octavos, lo cual no estaba nada mal con el nivel de maquinaria e inscritos que había. Además, nuestro coche era un 309 GTI 8 válvulas de Grupo N, que no podía aspirar a ganarle a los Porsche ni a los Sierra Cosworth. Pero yo no pensé en eso, sólo pensé que, tuvieses el coche que tuvieses, nadie podía haber pasado como pasamos nosotros por el tramo.

¡Porque había allí unos tíos apuntando y decían que otros lo habían hecho más rápido!, que si no, por mí … ¡Y encima mi hermano me dice que no había venido a tope!. Fue entonces cuando me di cuenta de que los rallyes se ven muy bonitos y fáciles desde fuera, pero desde dentro os aseguro que el tema cambia ... y mucho. También fui consciente de que lo mío era el copilotaje. Antes tenía ganas de probar como piloto, pero pensé que nunca, por mucho que practicase, podría llevar de aquella manera un coche. Sigo con la historia ...

En el control con el apuro de recoger el carnet del suelo y la emoción del momento, le entregué al comisario el carnet, las notas y el road-book. Y porque no tenía más cosas a mano, que si no …

Pasé el resto del rallye en una nube, y como premio final ganamos dos tramos. Ahora sí. Conseguimos la quinta plaza final, muy cerca del cuarto, que era nada menos que "Peitos", uno de nuestros ídolos de la infancia. En la última asistencia, antes de regresar a la Plaza de María Pita, vino a felicitarnos e interesarse por nosotros. Fue uno de los momentos más emocionantes y felices de mi vida.

Un mes más tarde recibí en casa el vídeo de la prueba. Empecé a verlo y reconocí una curva en la que habíamos entrado totalmente de lado. Estaba con un amigo y, anticipándome al video, le dije:

- ¡Ya verás en esta como pasamos nosotros! ... “todo del revés” ...

Cuando se iba acercando nuestra toma, pensaba que los coches que nos precedían iban parados, o por lo menos eso decía la imagen. Llegamos nosotros y … pasamos como el resto. El coche ni se movió. Mi amigo me dijo en tono de burla:

- Pues pasásteis tan rectos como el resto.

Tenía razón, en el vídeo se veía así.

- Pues te juro que desde dentro pasamos de lado - le dije yo.

No entendía nada. La curva era claramente la que pasáramos de lado. Volví a pensar ¡como cambia la “película” desde dentro!

Seguimos viendo el vídeo. Yo mas cabreado ... “La gente nunca se podrá dar cuenta de cómo se vive desde dentro. Ni vídeos, ni fotos, ni ir a ver el rallye. Lo bueno sólo se ve desde dentro”, seguía pensado ...

Entonces, llegamos a otra toma de nuestro coche, pasamos otra vez como la mayoría, pero a la salida de la curva yo saco la mano por la ventanilla para saludar. No queda un detalle muy bonito, parece que me voy “chuleando”. En la siguiente toma igual: mano por la ventanilla, saludando al personal. Y así hasta cuatro veces. La verdad es que a Sergio le pareció fatal. Que si yo pensaba que era el Papa para ir saludando, que si me creía una estrella del rock … Bastante avergonzado le confesé que eran tales los ánimos que nos daba el público que había sido un acto reflejo. Al final se calmó con la promesa de que no lo volvería a hacer.

Ahora, si me da tiempo a saludar a algún conocido en el medio de un tramo o quiero agradecer los ánimos de los aficionados, lo hago desde dentro ... sin sacar la mano por la ventanilla.

 

DIEGO VALLEJO

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